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Como dejé de ser un coleccionista novato (de computadoras de ajedrez) - Capítulo 6. LA TRAVESÍA EN EL DESIERTO Y LA PROFESORA DE MATEMÁTICAS.

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Author: xalons
Redactor de la web y administrador/moderador del foro.

PROFESORA

CAPITULO 6: LA TRAVESÍA EN EL DESIERTO Y LA PROFESORA DE MATEMÁTICAS

Esta parte de mi relato hasta dejar de ser un coleccionista novato de computadoras de ajedrez, es como una travesía en el desierto porque fue una época en la que el ajedrez se convirtió en algo secundario en mi vida.

Madrid me llevó de la mano por el camino de ir avanzando en la veintena de edad. Pasé de compartir piso con colegas a hacerlo en pareja. La vida es así, uno toma decisiones y crece con ellas. Creo que a eso le llaman madurar.

Dediqué parte de mi ocio a viajes por España y Europa, nuevos amigos y familiares, trabajo y aficiones distintas a las del juego de las 64 casillas como jugar al futbol sala en varias ligas con un equipo de amigos. Así podía compensar las horas muertas que me tiraba sentado delante de mi ordenador. Sí, yo también me compré un PC que definitivamente desbancó a mi computadora Novag Super Nova que cada vez utilizaba menos. Al comprobar todo el mundo de posibilidades de los ordenadores, mi amor por esta computadora y por el ajedrez en general, se había apagado casi totalmente.

Por motivos laborales viví un par de años en Barcelona. Los recuerdo con cariño aunque nunca pensé que podría echar tanto de menos Madrid y en la ciudad condal eso me ocurrió con creces. Cuestión de gustos, pero yo tenía claro que mi ciudad para vivir era Madrid. Pocas cosas claras tenía más que eso.

ZFZ

Disapperance1Mi mayor ocupación electrónica fue la ficción interactiva. Aventuras gráficas y juegos conversacionales se convirtieron en parte de mi vida. En el arte siempre me ha gustado la ficción más que la realidad y los juegos que permiten convertirme en alguien que no soy, me engancharon totalmente. Participé en varios fanzines sobre ficción interactiva. Fui redactor del famoso Z FOR ZERO y asistí a varias quedadas tanto en Madrid como en Barcelona e hice algún juego que pasó sin pena ni gloria.

También tendría que hablar de otras cosas que llenaban mi ocio como cine, libros, música, teatro y juegos de rol pero no quiero enrollarme. El ordenador era mi compañero inseparable y la llegada de Internet acentuó el vicio así que mientras pasaban los años, no se me ocurrió volver a interesarme por el tema del ajedrez computerizado. Todo lo relativo al ajedrez estaba más que escondido debajo de la arena del desierto, de la playa o del parque donde tuve que ir mucho desde que llegué a los 30, edad en la que fui padre. Uffff, eso sí que fue madurar.

Mi hija, mi pequeña, creció conviviendo con mis aficiones, gustos o antipatías (y las de su madre). Ella nació en Madrid cuando volvimos de Barcelona. Esa vuelta a Madrid me hizo conocer a una chica, amiga de mi pareja, que trabajaba de profesora de matemáticas. La profe se jactaba de ser la única jugadora femenina de un club de ajedrez madrileño que se ubicaba cerca de la céntrica Puerta del Sol. Recuerdo que fui a su casa a ayudarle con una mudanza y tenía una estantería repleta de libros, entre ellos unos cuantos de ajedrez. Impresionaba esa conjunción de matemáticas y ajedrez pero a pesar del respeto que me producía, pensé que sería interesante enfrentarme a ella y un día se lo propuse. ¿Quién dijo miedo?

LIBROS

La profesora de mates y jugadora de ajedrez aceptó y para mi sorpresa fue derrotada sin piedad por éste aficionadillo de tres al cuarto. Dos partidas a cero y una sonrisa en mi cara le bastaron para no volver a querer jugar conmigo. Yo tampoco insistí en jugar más por si acaso cambiaba mi suerte y para calmar los ánimos le enseñé mi Novag Super Nova después de buscar donde demonios la había guardado. Le conté que jugaba al ajedrez desde niño ya que en el pasado me había gustado mucho hasta el punto de comprarme esa computadora. Ella miró sin mucho interés a la máquina, no le dedicó ni una palabra y pasó a otros temas. Me quedé como tonto con mi computadora en la mano y pensativo al darme cuenta de que había utilizado la palabra “pasado” para hablar de ajedrez.

Se encendió una lucecita en mi cerebro y unido a esas ganas tontas que me entraron de educar según iba creciendo mi hija, me empeñé en enseñarle ajedrez a la niña. Fue un gran error porque desde entonces le tiene manía. No me extraña ya que creo que era muy pequeña para aprender y yo tal vez muy pesado con que aprendiera. La niña odiaba el ajedrez y odiaba a mi Novag Super Nova. Era mucho más divertida su Nintendo DS donde podía jugar al Cooking Mamá. Menos mal que en otras muchas cosas sí que compartimos los mismos gustos pero el ajedrez es un punto negativo de nuestra relación padre-hija.

DESIERTO

Los desprecios que le hicieron la profesora de matemáticas y mi hija a la Novag Super Nova, me sacó de mi actitud de desdén hacia ella. Finalizé mi travesía en el desierto de no querer saber nada del ajedrez y definitivamente saqué a la computadora de su retiro para volver a usarla con ganas.  Parecía que mi Novag Super Nova me miraba con tristeza. “Ni tus amigos ni tu hija me quieren y tú me has abandonado” sería una traducción bastante correcta de los pitidos que soltaba cuando  la encendía. Ella siempre seguía dispuesta a jugar conmigo sin rencor, con esa pantallita que me invitaba a mirarla fijamente a los ojos electrónicos y con esas piezas dispuestas a que yo volviera a acariciarlas mientras las desplazaba por el tablero. Soy un romántico, es verdad, y por eso un día en el que estaba tontorrón, volví a jugar una partida en serio con ella. La dichosa maquinita me ganó sin piedad y nuestra relación de amor-odio volvió a comenzar aunque eso lo contaré en el próximo capítulo. 

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