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Como dejé de ser un coleccionista novato (de computadoras de ajedrez) - Capítulo 5. NAPOLEÓN, UN ESTRATEGA EN MADRID.

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Author: xalons
Redactor de la web y administrador/moderador del foro.

Napoleon

CAPÍTULO 5: NAPOLEÓN, UN ESTRATEGA EN MADRID

Madrid, 1990. El trabajo me había llevado hasta allí y yo que solamente había ido a la capital de España con mis padres y hermanos cuando era niño (visita al zoo incluida), ahora tenía que acostumbrarme a que Madrid era mi nueva ciudad donde iba a vivir.

Se acabó lo de estar en la casa familiar. Tuve un largo peregrinaje por pensiones, pisos compartidos y hasta habitaciones compartidas en pisos compartidos, para al final ir estabilizándome con más o menos fortuna. Ahora no tenía muchas de las comodidades de mi vida anterior y en algunos de estos pisos ni siquiera tenía televisión. El ajedrez fue una de las opciones que salió en mi rescate como entretenimiento.

Tuve la suerte de conocer en mi trabajo a un señor que rondaría la edad de jubilación. Se llamaba Napoleón y en uno de nuestros trayectos en el metro, me demostró que era tan buen estratega como el famoso militar de apellido Bonaparte con el que compartía nombre. Mi Napoleón madrileño sacó del bolsillo de su chaqueta, un pequeño tablero de ajedrez portátil con el que se puso a estudiar la posición de una partida en el vagón del transporte público. No pude resistirme a preguntarle y me contó con emoción que jugaba al ajedrez en un club. Era un apasionado del ajedrez y aprovechaba los viajes en el metro para estudiar aperturas, celadas o problemas ajedrecísticos. El fin de semana iba a participar en la liga federada de su club de ajedrez y tenía que prepararse.

No tardé mucho en visitar el club de Napoleón, darme cuenta de que era un buen jugador y asistir como espectador a varias jornadas de la liga federada. Me atreví a jugar alguna partida amistosa con desigual suerte y no perdí ocasión en dejarme recomendar por los miembros del club, sobre sitios interesantes en Madrid relacionados con el ajedrez.

Pero no puedo ocultar que yo estaba también interesado por otras cosas, léase mujeres, cine y juergas bañadas en alcohol. Mis veintipocos años me hacían alejarme del ajedrez por razones varias. Pasar de una pequeña ciudad costera valenciana a vivir en el Babel madrileño de los años noventa, era un cambio radical al que yo tenía que acostumbrarme a marchas forzadas. Aparté un poco mi atracción hacia el ajedrez por otras atracciones menos confesables pero, siento decir esto en una web de aficionados al ajedrez, más divertidas.

comercial

Menos mal que por el camino le dediqué algún rato suelto al juego y pude ir al mítico Café Comercial, jugar alguna partida con los que allí se reunían, comprarme un tablero con el que practicar en mi habitación de piso compartido y pasarme por algunas de las buenas librerías de Madrid especializadas en ajedrez. Allí, rodeado de libros, fue donde vi el anuncio de una tienda de computadoras de ajedrez en Madrid. “Vaya, los del club no me habían hablado de esto. No son nada modernos”, pensé mientras leía el folleto de la tienda. Para mí era increíble haber descubierto que a alguien se le ocurriera tener una tienda donde vender computadoras de ajedrez, así que rápido y veloz, no tardé en aparecer por allí.

La tienda vendía computadoras de la marca Novag. Yo no tenía ni idea del tema ni siquiera recordaba cómo se llamaba y menos de que marca era, la computadora de ajedrez portátil que mi hermano tenía en casa. Aunque mis ojos se iban hacia las bellezas de madera expuestas en una vitrina, el dependiente me indicó sus precios (me lo tuvo que decir varias veces porque yo no me lo podía creer) y después con total disciplencia y viendo la economía que yo le dije que disponía, acabó diciéndome lo siguiente: “La Super Forte y la Super Expert se te van del presupuesto, creo que tendrás que comprarte algo más barato, por ejemplo una computadora como la Super Nova”.

supernovaMolaba el nombre, Super Nova, y molaba mucho más cuando la vi. Un tamaño aceptable, bonitos colores, posibilidad de conectarse al ordenador que yo no tenía, un nivel muy bueno según el vendedor y un precio de 50.000 pesetas que podía financiar en varios plazos. En fin, eso era más de la mitad de lo que yo ganaba al mes pero armándome de valor me hice con ella. Comería más bocatas y menos menús del día.

La Novag Super Nova fue la primera computadora de ajedrez que compré. Me pasé horas y horas con ella, su manual fue mi libro de cabecera, me hice con un adaptador de corriente que se vendía aparte (se ve que las 50.000 pelas no daban para que lo incluyera de serie) y aunque más tarde descubrí en esos grandes almacenes tan famosos, otras máquinas de otras marcas que eran una auténtica pasada, Mephisto Exclusive para más señas era la que me parecía más impresionante, yo estaba contentísimo con mi nueva compañera.

En uno de los viajes de fin de semana a casa de mis padres, iba yo tan feliz con mi computadora para enseñársela a mi hermano mediano, cuando me quedé de piedra al ver que él tenía una cosa más chula que mostrarme. En su habitación estaba instalado un ordenador compatible, un PC con disquetera y monitor en color VGA que nuestros padres le habían comprado para sus estudios. Mi máquina perdió su interés frente a aquella bestia parda de silicio. Un ordenador profesional con sonido, monitor, disco duro, etc. ¡Una auténtica pasada!

pc386La Novag Super Nova era una ridiculez comparada con el PC. Pero a mí no me iban a amargar su compra. La alabé frente a mi hermano, le dije todo lo que era capaz de hacer: “repite la partida entera, tiene grabado en su memoria un libro de aperturas, puedes desactivarle que piense durante el tiempo en el que juega el humano y hasta se le puede conectar a un ordenador como el tuyo”.

Para hacer una prueba, la enfrenté a mi viejo Spectrum que todavía andaba por allí, con el programa Colossus 4.0 y viendo que mi computadora era potente para lo que estábamos acostumbrados a utilizar como software de ajedrez (no ganaba todas las partidas pero sí algunas), dije una frase que, desde entonces, fue recurrente para mencionar a mi Novag Super Nova: “Tengo claro que nunca voy a ganarle a su máximo nivel, solo le puedo ganar si le quito opciones, si juega con menos tiempo que yo o si le pongo el nivel Easy, así que tengo computadora de ajedrez para toda la vida y no me voy a comprar otra nunca“, y ahí tiraba de mi afición a los cómics y a las películas para añadir: “A esta Super Nova no le gano ni con kriptonita”.

Es verdad que su elo de 1800 era un reto más que complicado para un jugador de mi nivel pero también tengo que confesar que en cuanto a que “no me iba a comprar otras computadoras” estaba muy equivocado. En esos años de la década de los noventa todavía no era ni siquiera un coleccionista novato de computadoras de ajedrez, simplemente un ingenuo aficionado que acababa de comprarse su primera máquina de ajedrez y no tenía ni idea de cómo se iba a tener que tragar esas palabras en un futuro. ¡Ya sabéis lo inocente que es uno cuando es joven!

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