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Historia del ajedrez por computador (I) - Los Autómatas

Kupelwieser
Author: Kupelwieser
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Los Autómatas

PORTADA1

Comienza con éste una serie de artículos haciendo un breve repaso por la historia del ajedrez computerizado desde sus orígenes hasta nuestros días.

Desde la más remota antigüedad, el hombre ha intentado reproducir mediante objetos la apariencia física de animales o personas así como sus movimientos. Cuando la técnica fue lo suficientemente precisa comenzaron a surgir autómatas complejos, uno de los más conocidos fue el pato de Jacques de Vaucanson, que incluso simulaba realizar la digestión de granos de cereal que previamente ingería.

Además de los artefactos que imitaban la apariencia y dinámica, también se intentaron copiar características intelectuales de los seres humanos, y es así como aparecieron cabezas parlantes (creadas entre otros por Roger Bacon y el papa Silvestre II) que respondían a preguntas. Y en pleno siglo XVIII se construyó una máquina que aparentemente jugaba -y ganaba- al ajedrez.

El Turco (1769)

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"El Turco"

 

En 1769 Wolfgang von Kempelen, consejero aúlico en la corte de Austria e inventor, construyó un autómata capaz de jugar al ajedrez, “El Turco”. Se trataba de una figura humana, con túnica y turbante, sentada frente a un escritorio sobre el que había un tablero de ajedrez. La máquina fue presentada al año siguiente en la corte de la emperatriz Maria Teresa I de Austria. Debido al gran éxito de la demostración, von Kempelen fue solicitado desde numerosos lugares de Europa, iniciando así una gira de más de diez años. Sin embargo, von Kempelen estaba más interesado en el desarrollo de otros inventos (como máquinas de vapor o el muy destacable sintetizador mecánico de voz) y el excesivo tiempo que le ocupaba El Turco, le hizo desmontar la máquina y abandonarla en un rincón del palacio, aunque posteriormente tuvo que reconstruirla para mostrársela al futuro zar Pablo I de Rusia, de visita en Viena.

Von Kempelen muere en 1804, y un avispado personaje compra su autómata: Johann Nepomuk Mälzel. Es generalmente conocido por la invención del metrónomo y, entre los melómanos, por su “Panharmonicon”, una máquina con aspecto de un pequeño órgano que podía reproducir música con varios instrumentos. Con Mälzel, El Turco empieza a viajar por el mundo y llega a enfrentarse incluso con Napoleón.

Pero El Turco no era en realidad la compleja máquina que parecía ser. Se trataba un ingenioso fraude; el mueble que servía de mesa contenía un jugador humano en su interior, oculto detrás de unos falsos mecanismos de relojería que se mostraban al público al inicio de cada actuación.

fig 2

Posible esquema del interior de "El Turco"

Se sabe que al menos quince jugadores de ajedrez fueron los operarios del autómata a lo largo de su existencia, muchos de ellos de gran nivel; recordemos que Philidor ganó la partida que jugó contra la máquina, pero fue -en sus propias palabras- “la partida más dura que había jugado nunca”.

En una gira americana de El Turco, Edgar Allan Poe asiste como público a una de las exhibiciones y escribe después un ensayo con sus pensamientos, en el que advierte que seguramente se tratase de un engaño. Poe, con su aguda capacidad de observación, comenta entre otras cosas que el autómata mueve los ojos cuando se encuentra con posiciones fáciles pero no lo hace en las más complicadas. Se da cuenta de que el brazo del autómata siempre hace un movimiento que precede a la ejecución de su jugada. Cuando un asistente le da cuerda a la máquina, se percata de que el sonido y la fuerza requerida no se corresponde con un mecanismo real. En uno de sus razonamientos, Poe se equivoca, sin embargo, al decir que si El Turco es una máquina real, debe ganar siempre.

Después de muchos éxitos y andanzas, El Turco pereció en un incendio en Filadelfia en 1854.

Ajeeb (1868)

La fama de El Turco hizo que aparecieran nuevos engaños con el mismo o similar principio, uno de los más conocidos fue “Ajeeb” (también llamado “El Egipcio”), construido en 1868 por el ebanista Charles Hooper en Bristol. La figura humana es en este caso la de un indio. Es de suponer que los exóticos ropajes tenían como objeto no sólo la de crear una ambientación apropiada, sino la de distraer la atención del jugador y del público.

fig 3

Ajeeb en 1886

Los operadores de Ajeeb tenían que soportar una incomodidad mayor incluso que los de El Turco, ya que debían introducirse en el interior del muñeco de cera, casi desnudos y permanecer horas sin poderse apenas mover. Uno de sus operadores fue el mismísimo Harry Pillsbury, recibiendo 70$ a la semana por sus servicios.

Hooper hizo reproducciones de su máquina para tenerlas actuando simultáneamente en varias ciudades. Hubo también numerosos réplicas no autorizadas por lo que la historia de Ajeeb es difícil de rastrear, aunque se sabe que el modelo que operaba en Nueva York fue destruido en un incendio en 1929 y el Ajeeb original se perdió durante la Segunda Guerra Mundial.

Mephisto (1878)

Todos los aficionados a las computadoras de ajedrez domésticas conocen el nombre del autómata con el que un siglo después (1980) se bautizó a una de las más célebres y prestigiosas marcas de dichas máquinas.

Construido por Charles Gumpel, “Mephisto” fue presentado en Londres en 1878. El maniquí que efectuaba los movimientos de la máquina era el demonio Mefistófeles con sonrisa burlona. A diferencia de El Turco y Ajeeb, Mephisto no contenía en su interior a un operador humano; éste controlaba al autómata a distancia, mediante cables eléctricos. El mueble que hacía de soporte al tablero de ajedrez era una mesa hueca, evitando así posibles sospechas.

fig 4

Mephisto

Mephisto llego a ganar un torneo en Londres, sin que nadie se diera cuenta del engaño. Como curiosidad, es reseñable el diferente trato que ofrecía a los rivales según su sexo; en la gira de 1879 ganó a la totalidad de sus oponentes masculinos, pero al enfrentarse a las damas, llegaba primero a una posición ganadora para a continuación dejarse ganar y ofrecer su mano cortésmente. Entre algunos de sus ilustres adversarios, cabe destacar a Mikhail Chigorin, al que derrotó (siendo el operador de Mephisto el notable ajedrecista húngaro Isidor Gunsberg).

Mephisto no terminó sus días en un incendio, como sus antecesores, sino que fue desmantelado en algún momento posterior a 1889; se desconoce el destino de sus piezas.

El Ajedrecista (1912)

Todos los autómatas que hemos visto hasta ahora fueron fraudes más o menos complejos, trucos de ilusionismo para hacer creer al público presente en sus actuaciones que una máquina era capaz de jugar una partida de ajedrez. Hay que esperar hasta el año 1912 para encontrar el primer autómata que realmente podía enfrentarse a un humano (y ganar siempre). Se trata de “El Ajedrecista” del ingeniero español Leonardo Torres-Quevedo.

Hay que puntualizar que dicha máquina no jugaba una partida completa sino cualquier final de rey y torre contra rey (era capaz de llegar siempre al mate, aunque no siempre en el menor número posible de movimientos), Tenemos que considerar la descomunal complejidad que hubiera significado realizar una máquina más completa con elementos electromecánicos y valorar por tanto el dispositivo de Torres-Quevedo y comprender el interés que suscitó en la época (fue presentado en la Feria de París de 1914).

En 1920 el hijo de Torres-Quevedo, Gonzalo, construyó una versión mejorada de El Ajedrecista en el que las piezas se movían en el tablero por medio de electroimanes y una voz grabada anunciaba el mate (en la versión original las piezas se insertaban en unos agujeros en el tablero y unas bombillas indicaban el jaque y jaque mate). Ambos modelos funcionan hoy en día y se encuentran expuestos en Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid.

fig 5

Gonzalo Torres-Quevedo mostrando su autómata a Norbert Wiener (1951)

En la próxima entrega descubriremos las primeras realizaciones de un sueño de la humanidad que -como estamos viendo- tardó mucho tiempo en ser cumplido.

© Chess Computer Coleccionistas (2019)